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 | ¿Qué hace que los chupetes MAM sean únicos? |
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 | ¿Busca tener un bebé? Calcule sus días fértiles... |
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 | Cuidado de los dientes... |
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| Historias |
Como padre, usted sabe que los niños de alrededor de 3 años son incapaces de comprender argumentos como por ejemplo: "el chupete podría dañar tu dentadura y luego tendrás que ir siempre al dentista..." Ridiculizaciones frecuentes pueden dañar la psique infantil y dejar secuelas negativas en la edad adulta (baja o alterada autoestima). Por eso, expresiones como: "ya eres grande para el chupete, todos se van a reír de ti" no son adecuadas. Dado que este tipo de argumentos no funciona, la autora - Marina Priglinger - apela en su historia a los sentimientos, especialmente a la compasión. Todos los niños saben muy bien cómo se siente estando solo, cuando mamá o papá no vienen al llamarlos. Es así que los niños del jardín de infancia, con los cuales se evaluó la historia, se identificaron de inmediato con MAMPI. Se sabe que los padres tienen una elocuente fantasía cuando se trata de explicar o desacostumbrar a sus pequeños, pero a toda madre o padre se le agotan alguna vez las ideas. En ese caso podrían utilizar esta historia, que naturalmente pueden cambiar o adaptar para su niño. La historia no tiene un efecto inmediato, pero - preparada y contada con mucha paciencia y amor - puede traer el éxito deseado.
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Muestre durante un tiempo a su niño cómo cambia la luna. Hágale observar cómo crece hasta llegar a ser luna llena. Luego diga a su niño que así debe aparecer la luna antes de que él deba dejar el MAMPI sobre la repisa. También puede pedir algo de paciencia a la luna o al Hada de los Chupetes, si usted nota que su hijo aún no está dispuesto. Es probable que su hijo también le haga sugerencias. Tómelas con seriedad, pero sea consecuente y recuérdele cómo sufrió Mampi el estar separado de su madre.
El equipo de MAM y Marina Priglinger le desean mucha felicidad y éxito, no sólo con su chupete MAM sino también con "MAMPI".
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Me llamo Mampi Soy un chupete. Soy tu chupete, y estoy feliz de estar contigo.
Tu tienes una mamá. Yo también tengo una mamá. Mi mamá es el hada del chupete, y yo la quiero mucho. Tengo también muchos hermanos. |
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La mayor parte del tiempo vivimos en el Reino de los Chupetes. ¡Allí todo es fantástico! Pero cuando nace un niño nos dejan venir a la Tierra. Ahora bien, cuando el niño cumple 3 años, nuestro tiempo culmina y entonces deseamos volver con nuestra mamá y nuestros hermanos.
Para que no nos olvidemos de volver a casa, nuestra mamá nos llama en una noche clara de luna llena.
¡Y madre mía si no vamos!, entonces nuestra mamá se pone tan triste que ya no puede parar de llorar.
Cuando mi mamá me llame, TU debes ayudarme. Por la noche, debes dejarme en la repisa de la ventana antes de que salga la luna llena. Yo soy muy pequeñito para trepar hasta allí. Cuando tú duermas profundamente, la luna me tomará en sus brazos plateados y me llevará de vuelta al Reino de los chupetes.
¿Me ayudarás? ¡Por favor!
¡No seas como la pequeña Sara!
Ella no quiso dejar partir a su chupete, aunque se lo había prometido. ¡Y no lo puso sobre la repisa! ¿Puedes imaginártelo?
El chupete de Sara era mi pequeño hermano. Se llamaba Mampi, como yo. Todos nos llamamos Mampi. Al principio todo iba de maravilla. Mampi y Sara se divertían mucho juntos, porque se querían mucho, como nosotros. Cuando Sara se cansaba se llevaba a Mampi a la boca y lo chupaba hasta que se dormía muy contenta. Igual como lo haces tú. Pero una noche - era una noche de luna llena - ambos fueron despertados por una voz, una voz que decía suavemente:
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"¡Mampi! ¡Mampi!, mi pequeño, ¿me escuchas? Ven a casa, ya ha llegado el momento! ¡Te estamos esperando!"
"Esa es mi mamá", susurró Mampi y dio un salto. Sus redondos ojos de chupete brillaban de alegría.
"¡Mamá! ¡Mamá!, ¡Ya voy!" dijo y saltó sobre el edredón. |
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Pero de pronto Sara lo atrapó y lo agarró fuerte entre sus manos: "¡No, Mampi me pertenece! ¡No pienso devolverlo!", gritó ella. Mampi se asustó. Eso no era lo que habían acordado. "Sara, tú me prometiste ponerme en la repisa cuando mi madre me llamara. Yo la quiero mucho y quiero volver con ella!". "No", dijo Sara de nuevo, apretando aún más el chupete contra ella y volvió a dormirse. "¡Mamá, oh, mamá!", se lamentaba Mampi y comenzó a llorar amargamente.
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Pasaron las horas y de repente Mampi tuvo una idea: se enjuagó las lágrimas y pensó "escalaré yo solo hacia la repisa". Saltó de la cama muy despacito y enseguida estuvo delante de la ventana. ¡Oh! ¡Esto sí que era alto! ¡Demasiado alto para un chupete tan pequeño! |
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Entonces vio la cortina. ¿No podría escalarla? Mampi se armó de valor y se dirigió hacia la tela: uno, dos, y para arriba. Estaba colgado de los pliegues de la cortina como si fuera un pequeño mono. Y fue subiendo, cada vez más arriba.
Pero el camino era largo, y Mampi se cansó.
"Un poquito más y ya estarás en la repisa", murmuraba la cortina.
"No puedo más", gemía Mampi, "de verdad que no puedo más".
Y en su desesperación comenzó a llorar de nuevo. Sollozaba tan fuerte, que Sara se despertó. Asustada se frotó los ojos, en cuanto vio a su Mampi colgando de la cortina.
"¡Sujétate! ¡ya te bajo!", dijo ella y saltó de la cama. Pero Mampi estaba muy alto para Sara, que era muy pequeña. Sara vio una silla y enseguida se subió encima.
"¡No te sueltes! ¡Enseguida estoy contigo!", dijo ella. Enseguida tuvo a Mampi en la mano. En ese instante se tumbó la silla. Ambos cayeron al piso ruidosamente.
"¡Mami, Mami!", gritó Sara.
"¡Mami, Mami!", susurró también Mampi.
La mamá de Sara entró precipitadamente en la habitación.
"¡Cariño! ¡Cariño!, ¿qué ha sucedido?", preguntó ella conmocionada. Sara le contó acerca de Mampi. Le contó acerca del Reino de los Chupetes, acerca del Hada de los Chupetes, que era la mamá de Mampi, y que él quería volver de nuevo con su mamá. |
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"Lo que se ha prometido, debe cumplirse, Sara", dijo la mamá y tomó a Mampi en su cálida mano.
"Yo también quiero estar con mi mamá", sollozó el chupete.
"Pero claro, pequeño Mampi", prometió la mamá y volviéndose hacia Sara le preguntó: |
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"Sara ¿qué te parece que debemos hacer? ¿No te gustó que yo viniera enseguida, cuando tú me llamaste? Yo creo que ahora Mampi también necesita a su mamá".
Sara no respondió. Disimuladamente dirigió su vista hacia su pequeño amigo, quien todavía estaba en la mano de la madre. Él tenía el rostro apretado entre sus manos y aún lloraba amargamente. De pronto, la niña se imaginó a su madre lejos, tan lejos que no sería posible escucharla ni verla. Este pensamiento fue tan feo para Sara que en ese momento llegó a comprender.
"Yo también creo que Mampi necesita a su mamá", respondió ella finalmente. Con cautela tomó a Mampi de la mano de la madre y lo dejó sobre la repisa. Una vez más lo acarició.
"Adiós, Mampi. Te voy a echar de menos, pero puedo entenderte. No hay nada mejor que estar con mamá. ¿Pero puedes al menos venir a visitarme? ¡Eso sería fantástico!"
"Sí, sí, claro que lo haré - en tus sueños", prometió el pequeño chupete. A lo cual Sara volvió a meterse rápidamente en su cama.
"Te quiero mucho, mamá", cuchicheó Sara y rodeo el cuello de su madre con sus bracitos. "Mampi también quiere así a su mamá", dijo la madre.
"Lo sé", murmuró la niña y se durmió.
A la mañana siguiente la repisa estaba vacía. La luna llena se había llevado al pequeño chupete junto a su madre.
Mampi realmente cumplió su promesa: en muchos, muchos sueños vino a visitar a Sara. En esas ocasiones se divertían mucho y recordaban el tiempo que él pasó en la Tierra.
Al final de cada sueño aparecía la mamá chupete de Mampi. Con mucho cariño lo tomaba en sus brazos. Y al verlo sonreír feliz, Sara también se ponía contenta. Porque ella sabía: una mamá es lo más importante del mundo- también para un pequeño chupete como lo era Mampi. |
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Querido equipo MAM:
Les felicitamos por su magnífica historia para dejar el chupete de Marina Priglinger. Gracias al Hada del Chupete y a la influyente apelación a la conciencia del niño hemos logrado sin problemas que nuestra hija Verena (3 años) deje el chupete a pesar de tener un hermano (de 14 meses) que aún sigue usándolo.
Para nosotros fue importante prepararla bien para el "gran día". Empezamos a leerle la historia aproximadamente una semana antes de la luna llena. Verena comprendió, rápidamente, que pronto sería hora de que su chupete volviera con su mamá. Desde ese momento observamos cada noche como la luna se iba poniendo cada vez más redonda. Cuando estuvo redonda como una pelota, Verena dejó su chupete en la repisa. Dos pudieron quedarse con nosotros – para el hermano Miguel. Verena se durmió - sin quejas ni reclamos - por primera vez sin su chupete. Por supuesto que por la mañana miró ansiosa en dirección a la repisa - todos los chupetes se habían ido. Alguna vez preguntó por ellos, pero bastaba recordarle la historia y todo seguía de maravilla.
¡GRACIAS! |
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