| La lactancia en el día a día |
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En los primeros días de vida del bebé, la cantidad de leche producida aumenta vertiginosamente. El día del parto tendrá unos 40 mililitros de leche; a los cinco días estará fabricando ya unos 500 mililitros. A los seis meses, el bebé mama unos 800 mililitros de leche al día. La cantidad de leche también aumenta constantemente en función de las necesidades del bebé. Puede estar segura de que podrá satisfacer la demanda de leche materna de su hijo. |
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Durante los primeros tres meses de vida, el niño aumenta entre 120 y 250 gramos. No se dedique a pesarlo constantemente: lo único que conseguirá es desconcertarse. Sepa simplemente que el recién nacido come lo suficiente cuando está contento, le brillan los ojos y moja de cuatro a seis pañales al día. Habitualmente los lactantes hacen caquita una vez al día (y no huele nada bien, por cierto). También puede ser que su niño haga de vientre con mucha menos frecuencia; durante un estirón, pueden espaciarse las evacuaciones hasta los siete o incluso diez días. Mientras crezca a buen ritmo y haga pipí con regularidad, no hay razón para alarmarse.
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Ahórrele al bebé el estrés de ser pesado constantemente ¡y ahórrese usted el dinero de la báscula! Mi recomendación es que se pese al niño como máximo una vez por semana cuando lo lleve a la comadrona, al pediatra o al centro de salud materno-infantil. |
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Durante las primeras semanas del puerperio conviene que se tome todo el tiempo del mundo para acostumbrarse a su nueva situación. Los primeros días del recién nacido pueden ser muy estresantes, especialmente si no es el único pequeño de la casa. El bebé no distingue el día de la noche; además el amamantamiento requiere cierta práctica.
No se exija demasiado: no tiene por qué ser la madre y el ama de casa perfecta. Regálese toda la calma y tranquilidad que pueda y procure contar con ayuda. |
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No todas las madres pueden o quieren estar las 24 horas del día al lado de su hijo. Tanto si tienen que ir al trabajo como si simplemente desean dedicarse un par de horas a sí mismas, la lactancia no tiene por qué suspenderse.
Existen sacaleches que se utilizan para extraer la leche del pecho, impidiendo de ese modo que deje de producirse. Permiten además que el niño se beneficie de las ventajas de la leche materna aunque tome el biberón. De este modo también el padre puede implicarse en la alimentación del bebé.
El sacaleches también es útil para estimular la producción de leche del pecho o para extraer el exceso y hacer así acopio de una pequeña reserva. En ocasiones las mamas están tan llenas que resultan difíciles de agarrar. En esos casos siempre puede extraer una pequeña cantidad de leche; en el momento en que el pecho deje de notarse tan lleno y duro, será más fácil que el niño mame. |
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La leche materna extraída con sacaleches puede conservarse un máximo de 24 horas en la nevera. En el congelador dura hasta tres meses.
Para descongelarla y calentarla sin agredir debe recurrirse al baño María. La leche ultracongelada también puede descongelarse dejándola toda la noche en la nevera.
La leche materna calentada que el bebé no haya tomado debe desecharse. Si no desea tirarla, puede añadirla al agua de bañar al bebé. |
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Tenga presenta que la leche calentada en horno microondas cambia la estructura celular y puede dañar al niño. Además hay peligro de quemaduras, puesto que el calentamiento no es homogéneo. Una gota de leche materna contiene miles de células curativas. Por esta razón es ideal para tratar el ombligo, los ojos colorados, los catarros, las otitis y los culitos irritados. Para aplicar la leche materna en dichas zonas directamente desde el pecho es necesario contar con habilidades casi malabarísticas. Resulta mucho más fácil extraer una pequeña cantidad con un sacaleches o con la presión de la mano y verter un chorrito o unas gotas en las zonas en cuestión con ayuda de una pipeta. En cualquier caso es fundamental ser escrupulosamente higiénico.
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