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Preparación de las fórmulas adaptadas
Si por cualquier motivo una madre no puede o no quiere alimentar a su bebé ni extraerse la leche, la mejor alternativa es usar una fórmula adaptada para recién nacidos. Las fórmulas de iniciación para bebés de hoy en día son lo más parecidas posible, desde el punto de vista nutricional, a la leche materna.

Estas fórmulas proporcionan nutrientes, vitaminas, minerales y oligoelementos necesarios para el desarrollo sano del bebé, en proporciones similares a las de la leche materna. Sin embargo, las fórmulas adaptadas no contienen anticuerpos, por ejemplo, que refuerzan el sistema inmunológico del bebé tanto durante la lactancia como en el futuro.

Es por esto que la lactancia materna es siempre lo mejor para un recién nacido. La lactancia materna sólo debe evitarse en casos excepcionales; por ejemplo, si la madre tiene alguna enfermedad grave o necesita tomar determinados medicamentos.

Las fórmulas adaptadas se pueden usar como único alimento durante 4 a 6 meses y posteriormente, como complemento a los alimentos semisólidos, hasta el final del primer año de vida.

Para los bebés sanos, existen dos tipos de fórmulas: las de iniciación y las de continuación, desarrolladas para ajustarse a las distintas etapas de desarrollo del bebé. Pregunte a su médico cuál le recomienda.

Las principales diferencias son que la fórmula de iniciación, a diferencia de la de continuación, es más parecida desde el punto de vista químico a la leche materna y puede sustituirla durante los primeros 4 - 6 meses. La fórmula de continuación se puede usar a partir del sexto mes, cuando se empiezan a incorporar alimentos semisólidos. Las fórmulas de iniciación, también llamadas "maternizadas", "modificadas" o "de inicio", se pueden usar como único alimento durante los primeros meses de vida.

Se producen generalmente a partir de leche de vaca. Sin embargo, la leche normal de vaca no es adecuada para los recién nacidos. Por lo tanto, el fabricante de la fórmula la pasa por una serie compleja de procesos de refinamiento, que incluyen la adición de vitaminas, minerales, hierro, calcio y ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga (PCL), importantes para el desarrollo sano del cerebro, el sistema nervioso y la visión del bebé. El bebé se puede alimentar a demanda, igual que con la lactancia materna, ya que la fórmula de iniciación es tan líquida como la leche materna y nutricionalmente es lo más parecida posible a ella.
Es muy importante que los padres usen la tetina correcta para administrar la fórmula al recién nacido. Es preferible usar una tetina con un agujero muy pequeño, ya que la leche sale muy fácilmente y de lo contrario, podría salir demasiada leche y hacer que el bebé se ahogara.

Si el bebé parece satisfecho con la fórmula de iniciación y está creciendo sano, no hay motivo para cambiar de leche antes de los 6 meses. No obstante, para los bebés que se quedan con hambre existen otros tipos de fórmulas, que contienen azúcares de la leche (lactosa) y sustancias espesantes, para que el bebé se sienta más satisfecho que con las fórmulas de iniciación más ligeras. Cuando el bebé se muestre impaciente y no parezca satisfecho con la leche de iniciación (maternizada), deberán cambiar a las fórmulas de continuación. Gracias a la adición de sustancias espesantes y a un balance distinto de proteínas de la leche, la fórmula permanece durante más tiempo en el aparado digestivo del bebé e impide que vuelva a sentir hambre tan pronto. Los intervalos entre las tomas comienzan a alargarse. El bebé comienza a dormir más tiempo durante la noche y no se despierta con tanta frecuencia para comer.
Si se usan esas fórmulas más espesas que las de iniciación, se deberá usar una tetina con un agujero un poco más grande.

La leche de continuación, el segundo grupo general de fórmulas adaptadas, se puede usar a partir del sexto mes, cuando se inicie la alimentación semisólida, después de consultarlo con el médico. Esto marca una nueva etapa en el desarrollo del bebé, que se vuelve mucho más despierto y necesita más energía. Por ejemplo, los bebés nacen con una reserva de hierro. Sin embargo, esta reserva se agota alrededor de los 4-6 meses de edad. La vitamina C también es importante para que se pueda absorber el hierro. Por este motivo, se comienzan a incorporar gradualmente alimentos semisólidos a la alimentación del bebé, además de la leche. No obstante, la leche sigue siendo fundamental para la nutrición del bebé. La leche de continuación contiene determinadas cantidades de proteínas, hierro (para la formación de la sangre) y calcio (para el desarrollo de los dientes y los huesos), que son indispensables a esta edad. Debido al elevado contenido de proteínas y minerales en las fórmulas de continuación, sólo deben administrarse después del sexto mes.

Complementar la alimentación infantil con la leche de continuación antes de los 6 meses de edad supondría demasiado esfuerzo para los riñones del bebé, que aún no están totalmente desarrollados, y podría afectar negativamente al balance hídrico de su organismo. En cualquier caso, se debe consultar al médico antes de pasar a la leche de continuación.
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